Esta es la historia de cinco amigos que van a un sitio perdido de la mano de Dios a realizar todo tipo de actividades extrañas y, para mí, incomprensibles. Todo comenzó de repente, estaba yo dormido y de repente prisas, nervios, emoción y... se acabó mi siesta. el trayecto hasta allí fue, digamos, movidito, en la parte de atrás de una furgoneta... no se lo recomiendo a nadie.
Cuando llegamos allí me volví loco: ¡Cuánta naturaleza, cuánto terreno para correr e investigar! Era un paraíso para mí. Tras unas cuantas vueltas por los alrededores del refugio, entre que estaban haciendo la cena, y yo no soy tonto, sabía que poniendo ojitos y cara de bueno, algo caería. En este momento empezaron mis colegas a hacer movidas raras.
- ¿Para qué quiere esta gente un palo si no van a jugar con él? No lo entiendo...
Esa fue una noche distinta. Frío, humo, vuelos por los aires (¡me mantearon!), muchos golpes y ruidos de la banda, emoción. Además, descubrí algo que me inquieta... ¿eres guei si te gusta que te metan tu cola por el cacas? Es una sensación extraña e inquietantemente agradable. Y otra cosa, ¿puedo yo ser guei? Estoy un poco confunso. Menos mal que me hice con la manta y así dormí a pata suelta, aunque a esta gente no les debió gustar mucho porque se rayaron y me dieron pisto. A mí me daba igual, pero a cabezón e insistente no me gana nadie.
Espero que este relato os guste, ya que es la primera vez que escribo.
Mi nombre es Tupi, tengo 6 años y soy un perro de aguas.
Fdo: Tupi
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